El paradigma cognitivo propone reflexiones muy interesantes
acerca de la evaluación como parte del proceso de la acción didáctica, lo que
la hace indisociable de la enseñanza y que actúa como un instrumento de
autorregulación y perfeccionamiento dentro del proceso instructivo.
Considero que el mayor aprendizaje para mi ha sido el hecho
de integrar la evaluación a la planificación. Nunca antes había concebido de
esta manera el proceso de evaluación, siempre la vi aislada de este asunto; mis
nuevas concepciones al respecto es que toda
actuación docente debe ser propiamente planificada, evaluada - de donde deriva
la reflexión – para volver a intervenir sobre el proceso de aprendizaje. La
evaluación no debe ser vista como el punto final de éste sino que va a través
de él mismo. Es hora de que la enseñanza sea sometida al aprendizaje y con ella
la evaluación, es menester que los docentes reelaboremos el concepto de
evaluación para que no sea disgregada del proceso educativo.
En el curso de Inglés que dicto, después de cada práctica
calificada o examen mis alumnos y yo “corregimos el examen” donde las respuestas correctas eran cantadas
con algunas intervenciones de los alumnos mediante preguntas; ahora sé que es más acertado promover la
reflexión de los estudiantes, con respecto a sus aprendizajes; ayudarlos a
reconocer las estrategias que resultaron efectivas para la consecución de los
resultados o las que son necesarias de ser implementadas, etc. Este es el
aprendizaje que motiva la autorregulación para el mismo aprendizaje y es lo
primordial para repotenciar la consecución de logros.
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